La historia la escriben los que ganan

¿Y si mejor usás el Word?

La historia oficial siempre es contada por aquellos que en momentos de conflicto se alzaron con la victoria y se hicieron del poder, o directamente por los que detentan el poder en determinadas etapas. Tienen la potestad de modificar el relato, ensalzarlo y ajustarlo a su conveniencia. Así pasa hoy y ha pasado siempre. Si bien la realidad es una sóla, sobre ella se hacen muchas interpretaciones, sobre los hechos, muchas lecturas… ¿Cómo hubiese sido la historia del Dragon World si los que ganaron no hubiesen sido Gokú, Gokú, Gokú y… Gokú (?)? No podemos saberlo, pero aquí una suposición de lo que pudo haber sido, por ejemplo, si el gran ganador de la serie hubiera sido Freezer.

Si Freezer se hubiese impuesto sobre Gokú en aquella encarnizada pelea que mantuvieron durante 987 episodios (?), posiblemente la historia del Universo se hubiese contado de forma un poquito (?) diferente. Los manuales de Historia Universal Contemporánea de Editorial Santillana (?) dirían, quizás, algo por el estilo:

El Universo, inmenso e infinito, era cuna y hogar de las más diversas especies y razas de seres vivos. Esa diversidad permitía el intercambio constructivo entre los diferentes planetas y culturas y mantenía un equilibrio inquebrantable. Cada raza era soberana en su planeta e independiente de las demás, no se necesitaba de un gobierno centralizado que regulara las interacciones.

Pero un nefasto día los Dioses quisieron que apareciera para irrumpir este sistema invulnerable y ancestral, una raza despreciable y vil: Los Saiyajins. Salvajes y rudimentarios, seres semejantes a los monos, cuyo único placer era el de pelear y destruir. ¿Cómo no iban a romper el equilibrio imperante? A su llegada, el Universo entero dio cuenta de la real delicadeza de su adorado sistema. Y comenzaron las conquistas, los Saiyajins fueron los pioneros, no se había visto amenaza semejante desde el monstruo Boo. Aterrizaron en el próspero planeta Plant, hogar de los Tsufur. Desplegaron su terror y ni siquiera la avanzada tecnología local pudo con los nuevos inquilinos. El planeta se dividió y permaneció así hasta que los Saiyajins, que podían trasnformarse en bestias gigantes y destructivas, decidieron no seguir compartiéndolo y aniquilaron a los Tsufur. Iniciaron así una larga serie de conquistas que subordinaron a varios planetas al naciente imperio Saiyajin, comandado por el Rey Vegeta.

La comunidad intergaláctica se vio aterrorizada y convocó a una junta a la que asistieron todas las razas hasta allí no conquistadas por los Saiyajins. La mayoría acordó, por asamblea, una alianza militar para hacerles frente y cuando estuvo a punto de ser confirmada, se alzó la voz de uno de los integrantes de la raza Changlong. Freezer era su nombre, un pequeño hombrecito cornudo. Éste reveló a los presentes que poseía poderes descomunales, capaces de hacer desaparecer planetas enteros, y que para él era posible acabar con los Saiyajins. Luego de una demostración de poder para que todos pudieran constatarlo, el júbilo se desató instantáneamente en la sala. Pero Freezer los serenó y les expresó sus deseos no coaccionar a los Saiyajins en forma directa y explícita. Aquella raza contaba con hombres fuertes y útiles para la conformación de un ejército que velara por la paz universal en caso de que apareciesen otras razas con intenciones de someter a las demás, y no era sensato eliminarlos a todos. Las réplicas se escucharon desde todos los lados de la sala. Si Freezer podía acabar con los Saiyajins, también podía hacerlo con cualquier otra raza guerrera, no había necesidad de militarizar el Universo para mantener la paz. Sin embargo Freezer, de mucha sabiduría, no declinaba en su postura. Nadie sabía hasta dónde eran capaces de llegar los Saiyajines con sus poderes. Se hacían más y más fuertes después de cada pelea. En cualquier momento podían superar a Freezer, sus poderes eran ilimitados, y con ellos, el Universo tal y cómo lo conocían, nunca se vería en peligro de desaparecer. La idea de Freezer era entablar una alianza comercial pacífica con los Saiyajins, que sólo aceptarían una vez conscientes de los inimaginables poderes del Changlong.

Así, se diagramó en conjunto, un plan de dominación subliminal por el cual mantener a raya a los Saiyajines. Se les haría creer que la familia de Freezer, ese al que no podían doblegar, se les aliaba en su conquista de planetas, pero como asociada comercial, comprando los planetas que ellos se apoderaran, a cambio de provición de tecnologías de punta, especialmente en equipamento de combate. Como el único deseo de los Saiyajins era el de seguir peleando, no tenían problemas en vender sus nuevos planetas a cambio de equipaciones que les permitiesen maximizar su poder destructivo, a las que no podían acceder ya que sólo eran fabricadas por la raza de Freezer, a quien no les era posible saquear nada. Poco a poco los Saiyajines irían civilizándose hasta adoptar el idioma universal y asimilar las costumbres y modos de vida más sofisticados del resto de las razas. Con ello no se lograría erradicarles su deseo de peleas, pero sí acercarlos de alguna forma a las normas y valores universales y aminorar su salvajismo y voracidad destructora, estableciendo una dominación más de tipo cultural que física.

El plan se puso en marcha y Freezer y su familia, desde entonces denominada la “Familia Espacial“, con sus benévolas intenciones y su fenomenal ingenio para cristalizarlas, se situaron a la cabeza del mismo, como se había acordado por unanimidad.

Los Saiyajines fueron sometidos, primero por relaciones comerciales que aceptaron tan dócilmente como su ignorancia lo permitía, y después por la aculturación que sufrieron. Fueron educados y vestidos como integrantes de la Familia Espacial, todos, sin excepción. Casi sin objeciones se subordinaron a la voluntad de su nuevo señor, Freezer, quien no sólo había tenido el buen gesto de no eliminarlos cuando el resto del Universo se lo pedía, sino que también, a cambio de simples masas de tierra flotantes como lo eran los planetas, les proporcionaba tecnología que mejoraba sus condiciones a la hora de luchar.

La dominación era aceptada voluntariamente y así, se evitaba al menos parcialmente, la posibilidad de una sublevación masiva de los Saiyajins, de la que Freezer sabía, podía significar un terrible problema para la comunidad universal.

Gradualmente las relaciones del Universo se fueron organizando jerárquicamente y de forma mecánica. Todos bogaban por el fortelecimiento del poder central que mantenía a raya a los Saiyajines y a su vez garantizaba el orden sin tener que propiciar una rebelión enerdecida por parte de éstos. El Gran Freezer, como se empezó a llamar su excelencia, el hombre que había mentado tan inmaculado sistema y del que dependía sustancialmente su continuidad, veía su sueño cumplido al fin: Una sociedad universal unida y homogénea, uniforme, sin intereses propios y diferentes que diesen lugar a enfrentamientos o grandes ambiciones. La diversidad cultural ya no existía, porque con el nuevo gobierno, no sólo los Saiyajins fueron drásticamente modificados en su esencia, sino todas las razas. De esta manera, prevalecía el orden y se aseguraba la integridad física de todos los pueblos, su existencia en el Universo y su permanencia en el tiempo. Freezer lo había hecho, el Gran Freezer, oh señor (?)

Lentamente más y más planetas fueron integrándose a la órbita del Imperio Espacial, y los renuentes, que con su resistencia a formar parte atentaban contra el equilibrio del mismo, fueron obligados, por la razón o por la fuerza (aunque generalmente por la fuerza, porque resistiéndose poca razón debían tener) a someterse.

Fue entonces que los Dioses, celosos de la generosidad, rectitud y honorabilidad del Gran Freezer y de su habilidad para dar funcionamiento a toda esta estructura, sembraron en el Rey de los Saiyajins, Vegeta, la semilla del resentimiento. Inexplicablemente éste se rebeló contra su Majestad, el Emperador Espacial, con las malas intenciones de hacerse del poder, romper el nuevo equilibrio y subyugar a las demás razas a la tiránica dominación Saiyajin. Esto era inaceptable para el Gran Freezer, que hizo sufrir las consecuencias de su insurrección al Rey Vegeta, dándole muerte en un santiamén. Una vez alentado el levantamiento de aquellos hombres salvajes de espíritu como lo eran los Saiyajines, su Eminencia no vio otra opción que la de acelerar el plan inicial de exterminio de éstos, antes de que alcanzacen niveles insuperables.

En el año 737, el planeta Veyita (ex planeta Plant) vivía su final y con él, la inmensa mayoría de los Saiyajines. El Gran Freezer se ocupó de dejar con vida sólo a unos pocos,  entre ellos al Príncipe Vegeta, para utilizarlos en la conquista de otros planetas con vistas a su inclusión al Imperio Espacial. Comenzaba así la edificación de un vigoroso ejército de seres espaciales reclutados en los más recónditos lugares del Universo conquistado. La labor de éstos era mantener el orden vigente y garantizar la seguridad de los habitantes de los planetas acoplados al sistema. Se conformaron varios escuadrones de conquista y otros de elite, como lo eran las Fuerzas Especiales Ginyu, comandadas por el Capitán Ginyu.

Tras 24 años de calma interplanetaria, conquista y consolidación del régimen freezeriano, llegó a los oídos del Emperador, la noticia de la existencia de unas extrañas piezas llamadas Esferas del Dragón, que reunidas podían conceder cualquier tipo de deseo. El Gran Freezer reunió a su comité y le comunicó su propósito de conseguir dichas esferas y obtener la vida eterna, con la cual asegurar para siempre la conservación del sistema perfecto y justo que había instaurado. Todos aprobaron la genial idea de su señor con aplausos y aclamaciones y se puso en marcha la expedición al planeta Namek, hasta el momento fuera del dominio imperial, y hogar de los Namekuseijins, creadores de las Esferas del Dragón.

La invasión pacífica del planeta Namek y la recolección, también pacífica, de las esferas se vio interrumpida por un hecho totalmente fuera de lo previsto. Vegeta, el otrora príncipe de los Saiyajines, se había aliado a la raza humana, habitante de un rico planeta llamado Tierra, con el fin de arrebatarle las esferas a su legítimo dueño, el Gran Freezer, e imponer una dictadura espacial con sede gubernamental en aquél planeta y con él como nuevo monarca o con un triunvirato constituido por él y otros dos Saiyajines más, Kakarotto y su hijo híbrido Saiyajin-Humano, Son Gohan. Unidos, pervirtieron a los Namekuseijins y los volvieron contra el honorable Imperio Espacial.

De esa alianza resultó una peligrosa fuerza enemiga del bien universal, que pudo acabar con los soldados imperiales que operaban en Namek, e incluso con las prestigiosas Fuerzas Especiales Ginyu.

El Gran Freezer debió interceder. Primero terminó con el núcleo del mal, Vegeta, insipirador de la consipiración nameku-terrestre en su contra. Desplegando todo su poder castigó a los rebeldes, entre los que se encontraba un Super Namekuseijin infradotado (sic) de nombre Piccoro. Hasta que llegó el turno de medirse con la amenaza más grande que haya visto el Universo después del demonio Boo, Kakarotto, el Super Saiyajin, un ser hecho de odio y con un inconmensurable hambre de destrucción y venganza.

El Gran Freezer ya había perdido la posibilidad de usar los dos primeros deseos que concedía Porunga, el Dios Dragón de las esferas, desaparecido a causa de la muerte del Gran Patriarca de los Namekuseijins, despótico e ilegítimo líder  de su pueblo.
Todos los caídos en Namek fueron resucitados por Shenron, un Dios Dragón pagano, oriundo de la Tierra. Porunga volvió a la vida y al ver al Gran Freezer, guardián de la paz, lo reverenció e inclinado ante él, cumplió su deseo y el de todo el Universo: Otorgarle la vida eterna.

Envalentonado por su nueva condición de inmortal, el Gran Freezer llevó hasta el límite a sus poderes, tanto que ni un millón de super saiyajines hubieran podido detenerlo. Como pena capital por la desobediencia de sus habitantes, el Gran Freezer destruyó el planeta y con él a todos los que estaban allí. Kakarotto se desintegró hasta la última partícula. Fue tal el impacto que hasta la memoria colectiva sobre ese planeta fue borrada (?), por lo que ahora su historia es reconstruida por medio de testimonios del propio Gran Freezer.

Gracias a la intervención cuasi divina del protector del Universo, el Emperador Espacial, su excelencia, el Gran Freezer, hoy el mundo conocido es tan feliz como se lo ve, tan pujante y próspero, organizado y armonioso. Gracias a un visionario que haciendo uso de su ingenio ideó la estrctura universal definitiva, implacable contra cualquier posible amenaza imaginada o no, gracias a la que ninguna raza inferior, inculta y salvaje pueda hoy ni nunca alterar el pacífico equilibrio de la gran comunidad universal.

[Traducido del changlongiano (?) por Majunia]
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Acerca de Majunia

"la duda debe ser la posición mental de quien aspire aproximarse cada vez más a la verdad o, por lo menos, a esa porción de verdad que es posible alcanzar"

Publicado el 08/04/2010 en Dragon Ball y etiquetado en , , , , , , , , , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 4 comentarios.

  1. ¡¡Dios mío pero que pedazo de post!! Puestos a inventar alternativas tienes tema para rato largo.

  2. Rodri Marzo

    Excelente post, casi lo hace a uno pensar (?

  3. Je muy interesante, si señor. Yo me pregunto cómo habría escrito la historia buu de haber ganado…Ah, no, espera, que no sabe escribir…

  4. al Gran Frezeer le paso lo mismo que Hitler ambos buscaron la paz y fueron derrotados por el salvajismo uno por el salvajismo sayajin y el otro por el salvajismo judio,comunista y capitalista HEIL FREZEER!!!!!!!

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