De álbumes y figuritas…

Se nos iban millones en estas cosas… pero lo valían (?)

Bienvenidos sean todos una vez más a esto que hemos dado en llamar (?) La Columna de Majunia. Estuve ausente varios días pero a diferencia de mis borradas anteriores, ahora tengo justificativos más fuertes que el de la paja (?) para postear. Finalmente realicé una consulta psiquiátrica y en principio mis problemitas serían consecuencia de un trastorno de ansiedad. Según cómo lleve mi terapia psicológica y cómo evolucione, en unos meses sabré si estoy destinado a doparme (?) o sólo tendré que seguir una serie de actividades para manejar la ansiedad. Así que, es ahora cuando necesito de su energía… vamos… sólo… sólo levanten sus manos (?). Además de esto, también empecé las clases en la facultad, en la que es ya mi segunda carrera universitaria en menos de un año. Soy un indeciso (?).
Por estos motivos me vi alejado del blog, aunque no dejé de visitarlo ni un sólo día, por lo que la foto de Ten Shin Han Silva (?) terminó de romperme las pelotas y decidí hacerme un espacio para traer un nuevo post.
Aclarado el tema, ahora sí, click en Lee más para ir a los que nos interesa…

Y la entrada de hoy pretende transportarnos a una de las etapas más bellas de nuestra niñez. ¿Quién no coleccionó al menos una vez un álbum de figuritas u oyó hablar de estos a sus amigos? Los álbumes de figuritas autoadhesivas son todo un clásico dentro de la cultura infantil y, por qué no, adolescente. Por un lapso de algunos meses, todos nos convertíamos en ávidos coleccionistas, escarbando por todos lados y a veces recurriendo a las trampas más viles (?) para hacernos de aquellas figuritas que faltaban en nuestro álbum.

El álbum. El álbum era un objeto preciado, que según el poder adquisitivo y la conformación familiar de cada quién, era compartido con él o los hermanos. A veces también era común que dos amigos compartiesen uno. El álbum iba de acá para allá, usualmente terminaba en mal estado, con las tapas rotas y las hojas rasgadas, tanto que hasta cualquier pergamino o papiro antiguos  (?) se veían mejor que nuestro coleccionable. Y esto lo digo yo que suelo cuidar mucho mis pertenencias y sobre todo los libros y revistas. Pero con el álbum era muy difícil. Iba a la escuela con uno, pasaba de mano en mano, iba a la casa de tus amigos, muchas veces iba con uno a comprar los paquetes de figuritas, y en la casa no poseía un lugar fijo y asignado, y si lo tenía, nunca estaba allí. Siempre estaba al alcance de la mano para ser visto una y otra vez o  ser completado gustoso con cada nueva figurita obtenida.

Una página del primer álbum de DBZ.

Generalmente los paquetes traían unas cinco o seis figuritas y costaban unos pocos centavos. Uno acumulaba grandes pilas de éstas cuando tenía el álbum bastante completo. Pero las repetidas no estaban destinadas al olvido, no. Todavía contaban con cierto valor, valor de cambio (?). Generalmente en la escuela se intercambiaban las repetidas y así uno podía conseguir las que le faltaban y que por más que gastara 100,000 pesos (?) comprándose todas las figuritas distribuidas por los kioskos de la ciudad, nunca encontraría. Porque todos sabíamos que ese aviso que figuraba en la última página del álbum era una mentira descarada (?):

“IMPORTANTE: Las figuritas de este álbum fueron impresas y puestas a la venta en cantidades rigurosamente iguales. No hay, por tanto, aquellas que sean difíciles de conseguir”

Es obvio existían ciertas figuritas ya sea impresas o puestas a la venta en menor cantidad o distribuidas por el país de manera de que se volviesen piezas difíciles por las que cualquier chico hubiese matado (?). Todos los álbumes las tenían, los de Dragon Ball no fueron la excepción. Quizás en mi ciudad, Puerto Madryn, la figurita “x” era difícil y no así en la localidad de Cipolletti (?), en donde la que costaba conseguir era la “y”.

Yendo al terreno dragonballero, al tiempo en que se emitía la serie televisiva de forma completa y por primera vez en la Argentina (1997-2001), salieron a la venta un total de ocho álbumes. Dos de Dragon Ball, cinco de DBZ y uno de DBGT.

Por razones de fuerza mayor (?) o algún misterioso motivo, no coleccioné los primeros dos, es decir, los de Dragon Ball. A decir verdad, cuando comenzó a emitirse Dragon Ball yo tenía apenas cinco años y la serie todavía no hacía furor. Si bien la veía y era de mis preferidas, aún no era un fanático y así dejé pasar inadvertidamente esos dos primeros coleccionables.

Tapa del álbum de DBGT

Para cuando apareció el primer álbum de Dragon Ball Z, la serie había alcanzado picos altísimos de popularidad y la presión social (?) lo obligaba a uno a hacerse de un álbum, comprar figuritas y llevarlas a la escuela para no ser excluido (?) con esa crueldad inocente (?) que caracteriza a los niños.

Las figus (?) eran producidas por Navarrete S.A. y distribuidas en la Argentina por Ultra Figus. En aquel primer álbum de DBZ, para mí el mejor de esa serie, debían pegarse las 214 figuritas con las que contaba. Varias de ellas eran holográficas, sin dudas, de las más codiciadas por los que coleccionábamos. Venían con alguno de los personajes y un fondo con motivos brillantes. Por el tamaño de las figuritas, el diseño de sus marcos y la disposición del álbum (que contaba la historia no en un párrafo por página sino que en breves narraciones por cada figurita), creo que fue el mejor de todos. Los siguientes fueron mermando en su calidad, teniendo todos sus pros y contras, pero siempre con mayoría de defectos. Lo que no quita que no haya disfrutado completándolos.

Modelos armables que aparecieron a partir del 4º álbum de DBZ.

Y es que más que la calidad de los álbumes y de sus, como gustan decir en España, cromos (?), lo que realmente me interesa rescatar es la innumerable cantidad de recuerdos nostálgicos que pueden traernos. A simple vista pueden parecer sólo objetos, revistitas, pendejadas (?), mugre (?), pero encierran ese valor sentimental que va más allá del económico, práctico o utilitario. En defintiva, hoy no nos sirven de nada más que para rememorar las épocas en que eran parte central de nuestras cortas vidas o para comercializarlos en internet (?).

Si Dragon Ball ha ocupado un espacio importante dentro de mi vida, qué decir de las miles de formas en las que lo hizo en las diferentes etapas de mi vida. En aquella infancia, los álbumes y sus figuritas fueron su forma de estar siempre presente en mi día a día. Como más tarde lo fueron los foros u hoy lo es este blog.

Cuando ojeo uno de estos tesoros, se me vienen a la cabeza esos instantes de emoción al abrir cada paquete de figuritas nuevo, con la consiguiente decepción o exaltación dependiendo de cuáles tocaran. Recuerdo a mi vieja pegándome las figuritas de los primeros álbumes, porque lo hacía con mucho cuidado y prolijidad. Cómo olvidar cuando el mismo álbum era objeto de extorsión o víctima de algún castigo. Me lo solían quitar cuando me retaban, mi vieja se lo llevaba y lo dejaba en su auto y yo sufría durante las horas o el día en que no podía tenerlo. Imposible olvidar el cambio de figuritas en la escuela, al ritmo (?) del clásico “Nola, late, late, late, late, nola…”, que obviamente hacía referencia a “No la tengo, la tengo, la tengo…”. Aaaah… y cuando por fin se hallaba esa imposible de conseguir. Alguien la tenía… ¡Y repetida! Sobre eso tengo una historia muy especial.

Figuritas repetidas que aún conservo.

De los seis álbumes de Dragon Ball que tuve, completé cuatro, del segundo al quinto de DBZ. Para llenar el primero me faltaron unas cuatro y ya para el de DBGT bastantes más.

Pero sin dudas el  más valioso y satisfactorio de completar, fue el quinto de DBZ. Era el de la saga de Boo. Con un total de 226 figuritas sumadas a los 64 modelos armables que venían también en los paquetes. Se me estaba volviendo todo un problema completarlo. Hacía tiempo que sólo me faltaba una figurita y no podía encontrarla. Ya empezaban a dejar de venderse los paquetes en muchos kioskos y revisteros, terminaba la promoción. Nadie de mis conocidos la tenía y por ese tiempo me hubiera sido imposible encontrarla en eBay (?). Curiosamente, a mi mejor amigo de aquel entonces, con el que no mantenía una relación muy estrecha fuera del ámbito escolar pero bien definida dentro de éste, también le faltaba la misma figurita. ¿Con qué no había difíciles? ¿Coincidencia? La lámina (?) en cuestión era la número 157 del álbum, que tenía una imagen de Super Boo siendo atravesado por Vegetto convertido en bombón de chocolate. Y un día apareció ese pibe, ese que entre sus repetidas la tenía. Entre un millón de “late’s” (?), después de mucho tiempo pudimos pronunciar, mi amigo y yo, un dificultoso, por la sorpresa, pero bien claro “¡Nola!”. Ni lo pensamos, no había opción, debía ser nuestra y para no dejar lugar a las dudas del chico, agarramos cada uno una pila de nuestras figuritas repetidas y le propusimos un negocio irrechazable (?). Como 300 figuritas por aquella sóla. Aceptó estupefacto y sin vacilar.

Pila de repetidas como la que el chico se habría llevado a cambio de una sóla. No... bueno, tampoco tantas...

La teníamos, pero evitamos hablar durante el día de clases, sobre el álbum destino (?) de la misma. Era mayor la alegría de haberla encontrado que el deseo de cada uno de llevársela. En la salida de la escuela, como todos los días, camino a nuestras casas, que estaban próximas al colegio y a su vez, próximas entre sí, no recuerdo exactamente la situación ni cuales fueron precisamente las palabras, sólo que con nueve años los dos, hubo un breve silencio y mi amigo me dijo que me la quedara. Simbólicamente los dos completábamos el álbum, pero técnicamente, de esta forma el que lo hacía era sólo yo.  Y hay que tener en cuenta lo que estas cosas de chicos valen en su momento para los chicos. Como dije, completar el álbum no era algo más, junto al último episodio emitido de Dragon Ball por Magic Kids el día anterior, las figuritas eran el tema de conversación, eran también objeto de peleas y en sí, el alma de los recreos.
En el momento me embargó la emoción de completar mi “Libro Álbum” (?), como decía en éstos, pero con el tiempo valoricé mucho más ese pequeño acto de amistad que habla mucho de las personas. Hoy, viendo esa figurita aún pegada en mi álbum, quizás sea uno de los más gratos recuerdos de aquella, una de mis primeras amistades.

La 157 pegada en mi álbum

Entonces pienso, cuántas cosas pueden significar estas pequeñeces en la vida de uno. Y ahí están los álbumes de Dragon Ball, con los que me divertía junto a mi hermano y amigos, ahora guardados en un cajón junto a otras revistas viejas. Álbumes que me transportan a mí y seguramente a muchos otros fans, a esas épocas doradas de la serie en nuestro país, pero también a momentos indelebles de nuestra infancia. ¡Qué daría por volver a vivir alguno de esos momentos!

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Acerca de Majunia

"la duda debe ser la posición mental de quien aspire aproximarse cada vez más a la verdad o, por lo menos, a esa porción de verdad que es posible alcanzar"

Publicado el 21/03/2010 en Coleccionismo y etiquetado en , , , , , , , , , . Guarda el enlace permanente. 6 comentarios.

  1. lindo post recordatorio che, me lo lei todo, y me acorde de las tantas cosas qperdi de db de manera inexplicable con el pasar del tiempo, garron….

    abrazo bruno

    pd: se me murio la pc x culpa de un rayo lluviesistico, cuando la recupere te mando algunas boludeces q encontre x ahi q capaz t interesen …

    pd2: Mareque +10), Tolo +11)

    • Felicitaciones por el presente del Rojo. Es un equipo que históricamente me ha caído mal, pero creo que tiene equipo para campeonar y de a poco, quizás, vaya agarrando un poco más de juego como para justificar mejor el lugar que ostenta.

      Sobre el post, gracias por leerlo. Se vienen dos posts (uno ya ideado y el otro no) e inmediatamente el tuyo.

  2. A ni tambien me caen mal los cuervos, mas q nada me hizo agrrarle bronca un vecino de mi barrio fanatico q me hincha las pelotas cada vez q paso x la puerta de la casa (todos los dias) y nos saludamos al grito de “amargo” o “pecho frio” y todas las variantes insulto-futbolisticas…

    en fin… dale, estoy ansioso (?) por ver mi articulo publicado en este fantastico blog….

    abrazo.

  3. Renato Raul

    Amigo comento luego de 2 anos si lees esto por favor responde
    He leido el post completo y al final dice que los albunes estan con revistas viejas
    Por favor te quiero preguntar si me podrias vender alguno me haria muy feliz 🙂

    • Lo siento mucho, Renato, esos álbumes son una reliquia,un tesoro invaluable y con un incalculable valor sentimental para mí. No miento si digo que no me desprendería de ellos ni por una fortuna, porque con ellos se iría una de las partes más maravillosas de mi infancia.
      De todos modos podés revisar en páginas de ventas online, de seguro algo encontrás.
      Saludos!

  4. Renato Raul

    O si no venderme algunas figuritas 😉

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